La reciente negociación que se ha mantenido en el seno del Consejo Regulador de la DOC Rioja para conseguir la aprobación de sus presupuestos se ha fundamentado, casi de forma exclusiva, en la necesidad de liberar los recursos destinados a promoción. Desde el sector comercializador, se argumentaba que el presupuesto de promoción era absolutamente imprescindible para asegurar unas ventas que, a su vez, garantizaban la compra de las uvas a los productores. Un pobre argumento que, a pesar de los ridículos y escasos precios que pagan por ellas, ha sido suficiente para engatusar a las cooperativas y al principal sindicato agrario, ARAG-ASAJA, que han aprobado el presupuesto destruyendo con ello el último elemento de presión que les quedaba a los productores.
Los datos reales demuestran que, con independencia de cuál sea el gasto en promoción, las ventas siguen siendo las mismas. El volumen de ventas de vino de Rioja, tanto en el mercado interior como en el exterior, prácticamente no ofrece variaciones con independencia de lo que se haya gastado en promocionar nuestros vinos. Por lo tanto, es evidente el engaño al que se ha sometido a nuestros viticultores, y vuelve a ser sorprendente que ARAG-ASAJA, y las cooperativas, hayan caído en la trampa de la promoción que les han tendido los bodegueros.
Los datos demuestran que en estos diez años, el Consejo Regulador ha multiplicado por 10 los gastos de promoción y, siendo benévolos y tomando como referencia la mejor de las posibilidades, la comercialización se ha multiplicado únicamente por el 1,08. En el mercado interior, las ventas se han multiplicado por el 1,05 y por el 1,20 las del mercado exterior. Creo que estos datos son lo suficientemente elocuentes como para que pongamos en tela de juicio la labor de promoción del Consejo Regulador y la efectividad de unos presupuestos que crecen desproporcionadamente todos los años, al contrario de lo que lo hacen las ventas. Yo, desde luego, no concibo que ninguna empresa multiplique sus gastos promocionales el 1.000% para conseguir que sus ventas suban sólo el 10%. Estoy seguro de que ninguna gran bodega de Rioja mantendría en su puesto a un gerente que ofreciera esos pobres resultados con un gasto tan elevado.
Cabe preguntarse si la relación coste-beneficio de la promoción es la apropiada. Si la evolución de las ventas justifica las cantidades invertidas. ¿Cuál es la rentabilidad real de las acciones promocionales que realiza el Consejo? ¿Existen estudios de la incidencia de estas acciones en los distintos mercados en relación con el capital invertido en ello? ¿Qué parte de la promoción es genérica y cuál es marquista? ¿Quiénes se aprovechan más de esta promoción, las grandes bodegas, las pequeñas bodegas o las cooperativas? ¿Qué tipo de vinos se promocionan?
¿Cuáles son las bodegas y las marcas que acuden a los eventos patrocinados por el Consejo en Londres, en EEUU, en Rusia, etc.? No recuerdo que allí acudan pequeñas bodegas o cooperativas. ¿No son siempre las mismas bodegas y marcas las que acuden a esos eventos? ¿Sirve el dinero de todos para promocionar el Rioja como marca genérica, o se utiliza para promocionar determinadas marcas? ¿Qué agencias se encargan de las campañas del Consejo? ¿Acaso son las mismas que se encargan de las campañas de determinadas bodegas? Desde luego, si atendemos a la evolución de las ventas, es más que evidente el absoluto y estrepitoso fracaso de la estrategia promocional del Consejo.
El propio presidente del Consejo, Víctor Pascual, declaraba: «No podemos parar la estrategia de promoción tan trabajada durante muchos años»; pero analizando los datos del gasto en promoción y la evolución de las ventas, uno se pregunta si realmente ha existido alguna estrategia o si simplemente las grandes bodegas se han aprovechado de los recursos de todos para hacer su propio negocio.