Europa vuelve a fracasar. La tensa situación que se está viviendo en las últimas semanas en el norte de África supone para el mundo occidental un acontecimiento mucho más grave y trascendenteal de lo que, en un principio, puediera parecer. Túnez no es Argelia, ni Marruecos ni siquiera Egipto, pero su “revolución popular” ha desatado en todos los países de su entorno un deseo de cambio que sus distintos regímenes no pueden dejar de escuchar. Cada uno tendrá que responder y seguro que lo hará a su manera. Algunos pueblos se han contagiado rápidamente de esa exigencia de cambio que ha protagonizado el pueblo tunecino y algunos gobiernos, como el marroquí, se han apresurado a iniciar tímidos cambios para evitar las revueltas populares. El caso es que algo se está moviendo entre nuestros vecinos sin que, aparentemente, los españoles vayamos a prestar demasiada atención. No parece al menos que nuestro Gobierno esté asumiendo ningún tipo de medida en estas cuestiones que se están desarrollando en nuestras mismas narices.
Volvemos a ser testigos de esa doble velocidad que marca el desarrollo de la Unión Europea con tres estados miembros, -Alemania, Francia y Reino Unido-, que, al margen de la política europea, han tomado sus propias decisiones y han exigido con firmeza a Mubarak que renuncie a toda violencia contra los civiles y planifique de inmediato la convocatoria de elecciones libres en Egipto, mientras el resto de países de la Unión parecemos estar fuera de juego esperando que la Alta Responsable de la Política Exterior comunitaria, la Sra. Asthon, decida si hay que ir mas allá de un simple comunicado en el que mostremos nuestra preocupación por los acontecimientos. Esta situación demuestra que Europa no funciona como debiera. Mientras EE.UU. adopta decisiones y toma posiciones, en Europa siguen siendo solo tres países los que se posicionan con claridad, marcando las acciones del resto de estados de la Unión, lo que pone en evidencia el fracaso de la política exterior comunitaria, al menos bajo el mandato de la tibia Sra. Asthon.
Nuestros vecinos del sur están viviendo momentos decisivos que van a transformar para siempre el escenario político y España sigue fuera de juego. Siempre se ha dicho que somos los guardianes del patio trasero de Europa que es el norte de África, ¿no debería por tanto estar Zapatero en ese grupo de avanzadilla que han integrado Merkel, Sarkozy y Cámeron? ¿tan grave es la situación de su partido que le impide atender estas obligaciones internacionales, claramente prioritarias para los intereses de España?