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Interprofesional del Vino, ¿acuerdo o traición?

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La Organización Interprofesional del Vino de Rioja ha alcanzado un acuerdo por el que se rebaja el rendimiento en uva tinta al 90%, con un máximo de 5.850 kilos por hectárea y el rendimiento de transformación amparable se fija en el 69 %. Este acuerdo viene a demostrar, una vez más, que los acuerdos en el sector del vino de Rioja los aprueba la Interprofesional de manera formal pero que, donde se adoptan realmente, es en el despacho del Presidente del Gobierno, con el beneplácito y la participación del Presidente de la Interprofesional y del Consejo que, a su vez es representante de las bodegas, D. Víctor Pascual, y por el Presidente del sindicato ARAG-Asaja, D. José Ángel Alegría.

De nuevo, los mismos protagonistas que se aliaron hace unos años para tomar las decisiones que han provocado la actual crisis que vive el sector, son los que vuelven a reunirse para adoptar nuevas decisiones que, lo único que van a conseguir es que esta situación de crisis se mantenga en el tiempo, por lo menos, otros cinco años más.

Podemos entender la posición de las bodegas en este acuerdo porque, al fin y al cabo, de nuevo son las que menos arriesgan y las que menos pierden. No exponen nada. Pero lo que no podemos entender es la postura del sindicato mayoritario al que, una vez más, le resulta mucho más fácil ponerse de acuerdo con los empresarios que con el resto de sindicatos que, se supone, defienden los mismos intereses, es decir, los de los trabajadores del campo.

Arag-Asaja vuelve a ser, una vez más, el único sindicato que se desmarca en todo el sector, y se muestra como el esquirol que se alía con los intereses empresariales en perjuicio de los intereses de los viticultores y, en su sorprendente huída hacia delante, arrastra consigo a las cooperativas que han sido presionadas por las grandes bodegas, -de quienes dependen para la compra de sus cosechas- y por el propio Gobierno de La Rioja que, aunque lo niega, también ha intervenido en este acuerdo utilizando su poder político para presionar a los dirigentes de las cooperativas, obligándoles a aceptar un acuerdo que perjudica a sus socios por partida doble. Un acuerdo en el que no se equilibra el esfuerzo de las partes no es un buen acuerdo. Los acuerdos se adoptan por consenso, y mucho más en una interprofesional y exigen un pacto entre todas las partes por que si no, no son acuerdos, es la imposición de la fuerza del más poderoso, en este caso de quienes tienen más instrumentos de presión. Y, en este caso, ya no cabe ninguna duda, -porque así lo han manifestado los propios vocales de la Interprofesional-, que la votación se realizó bajo presiones de su presidente y del propio Presidente del Gobierno.

Y aunque la aritmética de la votación acredite su victoria, el hecho cierto es que la mayoría absoluta de las asociaciones representadas en la Interprofesional, 8 de 15, se mostraron contrarias al acuerdo por considerar que perjudica claramente al sector. Esto por sí sólo debería hacernos ver la fragilidad de un acuerdo que nos va a situar, dentro de un año, en la misma situación que la actual porque, como venimos diciendo desde el Partido Riojano, no estamos ante un problema coyuntural, sino ante un problema estructural que tiene su origen en decisiones adoptadas en la mesa del Presidente del Gobierno, mucho tiempo antes de que aflorara la actual crisis económica global.

Lo único que ha perseguido este acuerdo es garantizar a las bodegas el aprovisionamiento de materia prima en las cantidades que necesiten y al precio que ellas quieran. No se garantiza ningún tipo de rentabilidad a los agricultores, ni se propicia la transparencia del mercado, no se establece ningún tipo de vigencia y seguimos sin tener ningún tipo de compromiso por parte de las bodegas, ni sobre precios mínimos, ni sobre plazos de pago ni, mucho menos, sobre los costes mínimos de producción que pueda servir de orientación para equilibrar el mercado.

Sorprende la falta de vergüenza que demuestra el Presidente de ASAJA, José Ángel Alegría, que durante la inauguración de la nueva sede de SU sindicato en SU pueblo, gracias a la financiación del Gobierno de Pedro Sanz, tuvo la cara de pedirle públicamente al Gobierno riojano que publique los costes de producción de la uva. Y sorprende porque el Partido Riojano lleva años pidiendo que el Gobierno propicie la creación de un observatorio independiente del Vino de Rioja que se dedique, precisamente, a determinar, entre otras cosas, cuales son esos costes de producción. La respuesta del Gobierno de La Rioja a esta petición y la del propio sindicato que hoy la reclama, es que esa no es labor del Gobierno y que para eso ya está el Consejo Regulador. Hay que tener mucha cara para salir diciendo ahora que esta es una de las soluciones para el sector cuando llevan años negándola y tachando de ignorantes a quienes llevamos años exigiéndola.

Lo único que se ha buscado con este acuerdo ha sido la aprobación de los presupuestos del Consejo Regulador. Debe haber alguien al que le corre mucha prisa liberar las partidas presupuestarias destinadas a promoción. A lo mejor están pensando en financiar otro evento mundial para promocionar las garnachas de Aragón y Cataluña como el que hicieron en noviembre.

Por supuesto que es importante seguir vendiendo el vino de Rioja, pero da la sensación de que siempre son los mismos los que se benefician de esas ventas. Cada año se gastan más dinero en promoción a pesar de que siguen cayendo las ventas. Y, mientras tanto, ellos siguen vendiendo sus botellas al mismo precio, pero limitan la producción, bajan el precio que pagan por la materia prima y mantienen a los viticultores bajo la tiranía de un mercado que controlan con la información que sólo ellos manejan.

Con este acuerdo, los viticultores riojanos van a aportar 38 millones de kilos de uva. Es decir: van a dejar de vendimiar el equivalente a 5.000 hectáreas de viñedo pero, ¿qué aportan las bodegas? Ya es hora de que ellas también hagan un esfuerzo equivalente al que realizan los agricultores.

El problema es que eso no va a suceder mientras el sector productor siga desunido y pendiente de las decisiones que toma un sindicato mercenario de otros intereses y mientras el Gobierno de La Rioja no tome conciencia de que su obligación es tomar medidas efectivas, en lugar de mirar complaciente esta situación que está poniendo el sector del Rioja en manos equivocadas cuyos intereses no están en La Rioja y que pueden marcharse de aquí de la misma manera que llegaron, arrasando con todo y al precio que sea.

Es evidente que, al igual que los riojanos merecemos otros gobernantes, algunos sindicatos también merecen otros dirigentes.

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