A lo largo de este último año se ha podido comprobar cómo diversas publicaciones especializadas indican que expertos y prescriptores están detectando que, entre los consumidores, ha pasado ya la época de los gustos y modas que primaban los caldos elaborados en base a variedades foráneas que algunos llegaron a calificar como “mejorantes”. Estos mismos expertos confirman que actualmente los consumidores muestran mayor curiosidad e interés por la tradición y por la identificación del territorio de donde procede el vino. Vinos que, cada año, gozan de mayor personalidad y que han sabido responder a las nuevas tendencias del mercado, pues se busca identidad y autenticidad, demostrándose que las variedades importadas no suelen ser capaces de superar la fuerte personalidad que adquieren las variedades tradicionales, valorizadas y redescubiertas utilizando los modernos avances vitícolas y enológicos.
No hace mucho tiempo todavía desde que “Penedés”, Denominación de Origen pionera en la introducción en nuestro País de variedades foráneas, se ha unido al movimiento, cada vez mas generalizado, de vuelta de lo global a lo local. En cinco años pretende triplicar la producción de sus vinos blancos de la variedad Xarelo, que quiere utilizar como estandarte de sus caldos, actualmente la variedad más cultivada y con producción más regular de Penedés.
Lo mismo ha empezado a hacer también la Denominación de Origen “Terra Alta” que ha elaborado un plan estratégico para potenciar la producción de Garnacha Blanca, y crear con ella una referencia de prestigio singularizada para la zona.
Esta forma de actuar de denominaciones que fueron pioneras en la introducción de variedades foráneas y que vuelven a primar las autóctonas, contrasta fuertemente con la que mantienen el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja y el Gobierno de La Rioja, autorizando y promocionando la plantación de variedades blancas foráneas y no apoyando e incluso dificultando el desarrollo de variedades tradicionales y minoritarias riojanas que son las únicas que pueden dotar a nuestros vinos blancos de originalidad y diferencia. Un error que, a medio plazo, despersonalizará nuestros vinos y, sin duda, afectará a su prestigio.
Un error en el que el Gobierno de La Rioja persiste. A pesar de la grave crisis que afecta al sector del Rioja, el propio Presidente del Gobierno ha secundado la estrategia de su consejero de Agricultura y sigue empeñado en autorizar nuevas plantaciones de variedades blancas foráneas. Por el contrario, desde el Partido Riojano, seguimos defendiendo con convicción que, en estos momentos, lo que menos beneficia a la Denominación de Origen Rioja es el aumento de superficie autorizada. Ya hemos planteado en varias ocasiones que el aumento de la producción de vinos blancos puede conseguirse subvencionando la sustitución de variedades tintas de las que, en estos momentos, somos claramente excedentarios, con lo que conseguiríamos dos cosas, por un lado satisfacer las necesidades que, al parecer, tienen algunas bodegas de disponer de uva blanca y, por otro lado, reducir los excedentes que están generando un grave conflicto económico y social en La Rioja.
También creemos que es un gravísimo error para el futuro de la DOC Rioja autorizar la plantación de variedades foráneas y, al contrario, creemos que tenemos que ser capaces de aprender de los errores de los demás, de los que nos han precedido en experimentos comerciales que han demostrado su ineficacia y apoyar con firmeza la plantación de nuestras variedades diferenciales, que son tradicionales en Rioja como Viura, Malvasía y Garnacha blanca y la creación de ayudas a la plantación de variedades minoritarias riojanas como Tempranillo blanco, Maturana blanca y Turruntés.
El Partido Riojano está convencido de que, frente a la creciente globalización varietal de la Denominación de Origen Calificada Rioja que algunos propugnan, el camino de la diferenciación es el futuro del éxito comercial de nuestros vinos.