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Así, tampoco

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Miguel González de Legarra, presidente del PR

La huelga general ha fracasado. Ha fracasado estrepitosamente y para hacer esta afirmación no hace falta esperar a conocer ni las valoraciones, ni las cifras y porcentajes de seguimiento, ni las reacciones del Gobierno de Zapatero. Ha fracasado porque los propios sindicatos se han encargado de hacerla fracasar. Su actitud ha hecho naufragar una convocatoria que muy pocos entendían pero que se respetaba.

En alguna ocasión he manifestado mi opinión de que esta huelga está fuera de lugar porque llega tarde. Los dos sindicatos han dicho repetidas veces que el objetivo era “exigir” al Gobierno de Zapatero una “rectificación” en su política laboral, pero nadie entiende que esta medida de presión se haga después de que esa política es ya un hecho consumado, nadie entiende que se haya dejado transcurrir tanto tiempo para ejercer esa presión, dando lugar a que esa política del gobierno socialista que ha servido para recortar los derechos laborales y sociales de los ciudadanos se haya convertido en normas y leyes que ya están publicadas en el BOE.

 

Otra cosa distinta es que esta huelga general o incluso una serie de huelgas parciales o paros sucesivos, se hubieran convocado hace un año o año y medio para exigir al Gobierno una negociación y tratar de alcanzar acuerdos ante una situación económica y laboral que, objetivamente, necesitaba -y sigue necesitando-, cambios sustanciales.

Entonces sí hubiera tenido sentido. Pero si lo que pretenden ahora es justificar su falta de acción y previsión anterior y encima pretenden hacerlo “obligando” a los demás a que hagan lo que no quieren hacer, coaccionando a los trabajadores y perjudicando gravemente a los trabajadores autónomos que son también unos de los que más están sufriendo los efectos de esta crisis…, en eso no estoy en absoluto de acuerdo.

Los sindicatos saben que el Gobierno ya no va a rectificar y mucho menos lo va a hacer cuando en el desarrollo de la jornada de hoy, la violencia y la coacción que han ejercido sobre aquellos que han querido ejercer su derecho a trabajar ha devuelto la protesta como un boomerang contra los sindicatos. En otro momento he comentado que los partidos políticos hace tiempo que hemos perdido todo el crédito entre los ciudadanos, hasta el punto de que nos consideran como uno de los más graves problemas que tiene el país.

Hoy estoy seguro de que, para muchísimos ciudadanos, los sindicatos se han sumado a este deshonroso club. Han perdido la razón, y con ello creo que han perdido la poca credibilidad que aún podían mantener entre los ciudadanos. Es evidente que con esta huelga, los sindicatos han pretendido justificar su incapacidad y su falta de reacción para ayudar a superar la dramática crisis económica que está asolando el País.

Lamentablemente han escogido el peor camino; después de aguardar a que todo esté hecho, han tomado la misma vía que la oposición política del PP, con el agravante de que además han añadido a su discurso la coacción y la violencia. Estoy de acuerdo con ellos en que ASÍ, NO se hace una reforma laboral, pero ASÍ, TAMPOCO se hace una huelga general.

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