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Monopolitismo político

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Comenzaré por el final para poder hablar del principio. Y aunque hasta tres meses antes de las próximas elecciones municipales no se sabrá de manera oficial la fecha, se dice que pudieran ser el 23 de mayo del 2011. Como sucede con la Lotería en Navidad y el manido «¡salud!» cuando no te toca, ese día la frase sería así: «La gente no sabe lo que vota». Y quiero detenerme en esta frase, en su forma y en su fondo. En la forma es una especie de pataleta que dan aquellas personas que, sin saber perder, están molestas porque no han ganado «los suyos». Pero en esto nuestra comunidad no es diferente a ninguna otra, ya que si algo nos caracteriza a los españoles es protestar cuando algo no sale a nuestro gusto, sin analizar qué hemos hecho. Esta especie de sorpresa suele venir motivada por el hecho de ver que con la gente que hemos hablado previamente a los comicios electorales, y te ha dicho que iba a votar a ésta u otra opción política, y que una vez conocidos los resultados y comprobados con tu personal encuesta piensas que no es «justo» lo que ha sucedido.

Desde mis convicciones democráticas, tengo la total seguridad de que al final gana la opción que más gente desea que gane o, dicho de otra forma, soy de los que defienden que el voto es «inteligente». Y digo esto porque, partiendo de la base de que todos los mayores de 18 años tenemos derecho al voto, que los que no lo hacen son conscientes del por qué, y que los que votan lo hacen por la opción política que creen que es mejor según ellos, a partir de ahí solo es cuestión de sumar (no sin para ello tener en cuenta la ley d’Hont).

 

Si el proceso de unas elecciones fuera tan fácil como las encuestas, a día de hoy podríamos aventurar que en La Rioja o no habría variación en el número de ediles en cada una de las formaciones políticas que nos iban a gobernar o, de producirse un cambio, sería favorable a la opción que en la actualidad tiene la mayor cantidad de votos en nuestra comunidad. Así, seguiría su ascenso en cuota de poder que, sin entrar a valorar si sería mejor o peor, ya que esa incógnita sólo se resuelve pasados cuatro años de las citadas elecciones, cuando ya se podrá comprobar, si los resultados coinciden con las pretensiones de quienes voten sus candidaturas.

Si esa situación se produjera, siempre teniendo como premisa que seremos los riojanos los que decidamos nuestro futuro, como miembro de un partido humilde, aunque situado entre los tres primeros dentro del actual panorama político regional, me gustaría trabajar, claro está con la responsabilidad que ello conlleva, para conseguir que por lo menos una parte de esos votantes que suelen utilizar la mencionada frase, una vez celebrados los comicios, pudieran creer que los resultados son los que esperaban, y que además pudieran cambiarla por esta otra: «Qué resultado tan justo» (evitando decir equitativo).

En La Rioja, como comunidad uniprovincial en la que todos de una forma directa o indirecta estamos vinculados con el sector primario, sabemos muy bien que si no siembras no recoges. Y sin que en política éste hecho se encuentre regulado por épocas o por «temperos», bien se puede decir a tenor de lo que vemos en nuestras calles, que la cuenta atrás ya ha comenzado, y que todos los riojanos tendremos en su momento la responsabilidad de haber elegido los mejores gobiernos.

http://www.larioja.com/v/20101107/opinion/monopolitismo-politico-20101107.html

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