Así recoge la noticia el diario digital Rioja2.com:
Creo que a muy pocas personas les han podido sorprender los resultados electorales en Catalunya. Aun así, el nuevo escenario parlamentario que dibuja estos resultados no deja de ser una auténtica convulsión en la política catalana que abre a su vez nuevas incógnitas sobre su posible traslación al escenario nacional.
Es evidente que Catalunya ha votado en catalán. Aunque los votos hayan cambiado de partidos, el nacionalismo ha triunfado por encima de los partidos que defienden posiciones de Estado que, en su conjunto, han sufrido un importante retroceso.
La indiscutible y arrolladora victoria de CiU ha quedado eclipsada en parte por el hundimiento de las fuerzas políticas que integran el tripartito y, de forma especial, por la espectacular debacle del PSC y de ERC que han pagado por su tibieza y por la falta de coherencia en su discurso político. El castigo a ERC ha venido determinado por su incoherencia a la hora de defender su discurso soberanista sosteniendo a un president que se ha visto obligado a plegarse a posiciones muy alejadas de aquellas que defendía Maragall y que fueron las que dieron al PSC sus mayores victorias electorales.
El caso del PSC es más complejo: al regreso a sus posiciones jacobinas se le suma la falta de carisma del president Montilla que, en esta ocasión, no ha podido retener la herencia ideológica y de gestión de Maragall y se ha enfrentado a las urnas con el balance de su propia gestión que no ha sido en absoluto brillante, fundamentalmente porque, -como viene sucediendo con el PSOE en general-, no saben venderla con efectividad. Nadie puede negar tampoco la parte de responsabilidad que en esta debacle le corresponde a Zapatero y su gestión de la crisis económica. Las duras medidas adoptadas pasan factura a todos los gobiernos en todos los estados, pero en el caso de Zapatero, la inseguridad, la falta de decisión, las actuaciones con freno y marcha atrás, la incoherencia y fragilidad de sus decisiones, los constantes errores de sus ministros se han sumado a las propias causas catalanas para propiciar el estrepitoso derrumbe del PSC.
Lo del PP es otra historia. En público se muestra muy satisfecho de sus resultados pero sin embargo debería hacer examen de conciencia del coste que esos cuatro nuevos escaños han supuesto para Catalunya y para el conjunto del Estado. El PP ha centrado su estrategia en un ataque brutal contra el nuevo Estatut de Catalunya y en un discurso centralista y jacobino muy próximo a las posiciones más extremistas de la ultraderecha catalana. Su recurso constitucional contra el Estatut trajo como consecuencia una sentencia que quiso ser salomónica pero que consiguió molestar a la mayoría de los catalanes, y el efecto que ha tenido, es que este nuevo Parlament es mucho más independentista que el anterior. El soberanismo se ha incrementado en las formaciones nacionalistas más moderadas que no han querido arriesgarse a perder posiciones y el independentismo ha ganado adeptos y radicalidad en la nueva formación liderada por el ex presidente del Barça, Joan Laporta. Lo cierto es que este nuevo Parlament se conforma con más escaños nacionalistas e independentistas que el anterior y eso es una consecuencia directa de la estrategia popular que, una vez más, ha demostrado que para el PP el fin siempre justifica los medios, aunque el resultado final sea contrario a su propia doctrina. ¿Puede por tanto Rajoy presentar este resultado como una victoria?
Otra lectura curiosa de estos resultados es que los dos partidos que más casos de corrupción han tenido que afrontar en sus filas son los que más han crecido. Tanto CiU con los casos Palau y Pretoria, como el PP con la repercusión de los casos de la vecina Valencia podían verse afectados en sus resultados, sobre todo teniendo en cuenta las opiniones manifestadas por los ciudadanos en las encuestas, sin embargo, parece que los ciudadanos no lo tienen en cuenta a la hora de acercarse a las urnas. Curiosa reacción que, a lo peor, justifica la estrategia practicada por Rajoy o por el propio Pedro Sanz: ante las denuncias silencio y a hablar de otra cosa.
No creo que los resultados de estas elecciones puedan extrapolarse a otros escenarios españoles. Catalunya es un país con una cultura política especial, con una gran urbe que condiciona la política de todo el país y con unas peculiaridades que no permiten vaticinar con claridad una traslación al escenario nacional. Sin embargo, no cabe duda de que todos hemos observado la derrota del PSC y la victoria de PPC como la antesala de lo que puede suceder en próximas convocatorias electorales, tanto autonómicas y municipales como nacionales. Los matices de la política catalana que ha sido capaz de conformar un Parlament con siete fuerzas políticas quedan muy lejos del bipartidismo que parece avanzar en el resto de España. En cualquier caso Catalunya también es ejemplo del valor intrínseco de las minorías y de la importancia que tienen a la hora de moderar y modular el discurso y la acción política de la mayoría.
Yo hoy estoy particularmente contento porque han ganado los nacionalistas y las minorías siguen siendo parte esencial de un Parlament plural y representativo del pueblo que lo ha elegido. Es bueno que haya más de dos voces.