Contacta   |   Afíliate   |  

Aprendiz de político -a mucha honra-

0

Hace unos meses, y después de 32 años de trabajo, me han jubilado por enfermedad. Siempre he sentido una gran inquietud por la política, pero mi profesión me impedía exponer abiertamente mis ideas. Mi actual situación me ha liberado de esa mordaza y he optado por implicarme de lleno en la defensa de mis convicciones políticas, para ello he buscado con esmero qué organización defendía unas ideas más afines a mis pensamientos; he encontrado en el Partido Riojano un entrañable grupo de personas e ideales que creo colman suficientemente mis expectativas.

Con esto ya sabéis por qué me he afiliado a este partido para comenzar mi andanza política. Y es justo cuando comunico esta decisión a los míos (familiares y amigos), cuando empieza mi asombro sobre la ignorancia que existe sobre la clase política. Me voy a limitar a comentar tres de las muchas preguntas y comentarios que me hicieron cuando se enteraron. ¿Cuánto te van a pagar?, ¿qué tienes que hacer?, otro chorizo más.

Y es que está profundamente implantada en la sociedad española la idea de que todos los políticos cobran por nada, y además, roban. Pues no señores, no. Primero, esto no es una fábrica donde hasta el último aprendiz que acaba de entrar (como yo, a pesar de mi edad), ya tiene por convenio un sueldo (aunque sea ridículo); en segundo lugar no existe una plantilla preestablecida en la que cuando se incorpora un nuevo miembro, ocupa una de las vacantes existentes que lleva intrínseca un cometido concreto, y por último, para robar primero tiene que haber algo que robar y a quien robárselo, y yo, solo he visto ideales e ilusión.

Aparte de estar disponible para las necesidades concretas que precise mi partido, yo debo, por obligación y devoción personal, aportar ideas, proyectos, soluciones, propuestas, etc. Todo encaminado a que se haga cada vez más fuerte y grande, porque cuanto más lo sea, mejor podrá defender y luchar por las ideas que persigo.

Para terminar, cuando les digo que encima me cuesta tiempo y el dinero de la cuota, acaban llamándome tonto. Pero nada de esto me extraña; a mis hijos, en el colegio, sobre política solo les han explicado qué tipo de gobierno tenemos en España, qué es la Constitución y cómo están estructuradas nuestras instituciones, pero nada sobre cómo llega una persona a formar parte de una lista electoral y, tras el respaldo en las urnas, ocupar un puesto en alguna de nuestras instituciones democráticas.

Lo mío además no tiene ningún mérito; yo ahora no tengo ninguna ocupación y puedo dedicarle tiempo, pero la mayoría de los militantes de un partido tienen su trabajo y es después de haber cumplido con él, cuando dedican su tiempo libre a la defensa de sus ideales. Estos son los verdaderos políticos, y estos no se merecen el trato vejatorio o peyorativo que últimamente les dedica nuestra sociedad; los políticos, antes, eran considerados héroes por defender sus ideas en la clandestinidad, escondidos de un gobierno opresor; y ¿estos de ahora?, ¿es que no lo son?; tienen que luchar en la clandestinidad de la sociedad, que es mucho peor.

Porque después de su entrega y sacrificio casi en el anonimato, cuando alguno de ellos consigue alcanzar un cargo público electo, la sociedad española cambia radicalmente de idea sobre esa persona y, al incluirlo en el mismo saco, ya que según esta sociedad todos los políticos son iguales, ese camarero, carpintero, panadero, etc. que antes admirábamos por su dedicación desinteresada, ahora sin ninguna explicación convincente, lo hemos transformado por completo, pasándolo radicalmente de héroe a villano. Y a pesar de ello, continúan adelante sin vacilación; así son la mayoría de nuestros políticos, no como la minoría del coche oficial.

Antes había que ser valiente para decir que eras de tal o cual partido; después fue casi una obligación; ahora con la valoración que hay de la política, hay que ser muy valiente para decir únicamente que estás en ella. Yo, para que me pongan buena nota en mi primera lección, quiero decir abierta, claramente y sin esconderme, que soy aprendiz de político – a mucha honra -.

Sinceramente solo espero llegar algún día a parecerme un poco a ellos, porque ellos no son clase política, son políticos con clase.

Compartir.

Comentarios cerrados.