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Una sociedad, ¿qué sociedad?

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Así recoge el artículo el diario digital rioja2.com:

Una sociedad, ¿qué sociedad?

Miguel González de LegarraLos diarios regionales han publicado en los últimos días una noticia que me ha impresionado; la muerte de un logroñés de 41 años que vivía dentro de un coche y que falleció a causa del frío y de la desnutrición. La noticia explica que los vecinos del inmueble se habían acostumbrado a verle por allí ya que, desde hace una temporada, vivía en el coche pero el otro día se le acercó un vecino y, al ver que no se movía, llamó a la policía que descubrió la tragedia.

No puedo dejar de pensar en el tipo de relación que mantendrían sus vecinos con el fallecido, ¿lo conocerían de antes?, ¿era un vecino al que la crisis no le dejó más que el coche y la plaza de garaje?, ¿dónde están en estos casos los servicios sociales?, ¿puede más la vergüenza de tener que pedir que la propia necesidad?

La realidad es que, solo en La Rioja, más de 70.000 personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Reconozco que, desde hace años, esta es una situación que me obsesiona en mi actividad política y no puedo dejar de pensar en cómo se podría solucionar la situación de aquellos que viven en situación de pobreza extrema sin provocar un llamamiento a la resignación. Siempre que tengo oportunidad, en los debates económicos en los que, desde el Gobierno regional se me dice que en La Rioja vivimos bien y que estamos mejor que la media y mejor que nuestros vecinos, exhibo esta cifra de los 70.000 riojanos pobres como demostración más sangrante de la realidad, de una sociedad que se empobrece año tras año pero que prefiere fijarse en otras cosas y mirar para otro lado. Una sociedad que derrama su solidaridad con los más pobres del mundo y los que padecen las consecuencias de los peores desastres naturales y, sin embargo, tiene endurecido el corazón con los que tiene más cerca, con sus propios vecinos.

Hace solo unos días el debate político estaba centrado en la reducción de las ayudas públicas a Cáritas y el cierre de sus talleres ocupacionales de Logroño, Calahorra y Santo Domingo de la Calzada. Y en el propio Parlamento regional, escuchamos a la consejera de Bienestar Social, Sagrario Loza, aseverar que en La Rioja hay suficientes mecanismos para atender a los más necesitados…, no parece que las cifras, ni los hechos, puedan darle la razón. Una ciudad que ve morir de hambre y de frío a un conciudadano ante sus propias narices y que solo se entera por el olor del cadáver, no es una sociedad sana, no es una sociedad que atienda correctamente las necesidades básicas de sus gentes, no es una sociedad que esté bien organizada.

Los días siguientes a este lamentable hecho, también cogí los periódicos con avidez esperando encontrar en ellos alguna reflexión, más o menos sesuda, de los grandes popes de la información regional y creía, (ingenuo de mi) que a lo mejor aprovechaban para llamar la atención de la sociedad riojana sobre este hecho y sobre el significado que tiene. Ni una sola referencia. Durante estos días, lo importante es especular sobre el paradero de unas esculturas que se han hecho “desaparecer” sobre el papel a pesar de que todo el mundo sabe dónde están; lo realmente preocupante para esta sociedad era “averiguar” qué ha pasado con algo que está perfectamente aclarado pero que, debidamente aderezado, da mucho juego informativo…

El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

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