Jueves, es casi la una de la tarde, los datos mensuales del paro ya se conocen pero el presidente del Gobierno de La Rioja, Pedro Sanz, no ha comparecido para valorarlos. No existe convocatoria alguna al respecto. Resulta extraño.
Durante los últimos años, el presidente Sanz siempre ha analizado la radiografía del desempleo riojano, comparándola con otras regiones y con la media nacional. Entonces, La Rioja ocupaba un puesto de privilegio entre las comunidades con menos desempleo. Tras exponer los datos, Sanz realizaba una valoración política, sacaba pecho y se atribuía todos los méritos por las buenas cifras registradas. Hablaba incluso de pleno empleo. Nada que decir. Aunque estoy convencido de que, además del efecto Sanz en las cifras del paro riojano intervenían otros elementos, no había nada que decir; tan sólo desear que el paro no fuera un problema para los riojanos.
Aún así, desde el Partido Riojano le recordábamos al presidente que no tenía una estrategia, ni una política consistente en materia de empleo, que se estaba aprovechando de ir sobre una ola y con viento a favor, y le aconsejábamos que dejara de improvisar. Pero Sanz guiado por la inercia y el triunfalismo -como siempre- no conocía a nadie y todo le importaba un pimiento.
Pero el jueves se hicieron públicos los datos del paro del mes de enero y algo había cambiado, Pedro Sanz no comparecía ante los medios para valorar las cifras de desempleo. Existía la posibilidad de que estuviera enfermo, pero sus más íntimos colaboradores aseguran que no conoce la palabra enfermedad. Así que debía existir otro motivo.
El motivo de su ausencia era diferente; Sanz ya no quería dar la cara. Sanz se escondía de los ciudadanos. La ola sobre la que cabalgaba Sanz había roto antes incluso de llegar a la orilla. Las cifras del paro en La Rioja eran demoledoras: 22.661 personas sin trabajo, con un incremento en el último año de cerca de 7.000 parados, y una tasa que se sitúa en el 14,54 por ciento. El presidente Sanz ya no quiere valorar dato alguno. Los nervios en el palacete de Gobierno y en la sede del PP crecen por momentos y la orden va recorriendo pasillos y despachos: todos a echar la culpa al Gobierno central. Que por cierto, también tiene buena parte de culpa, especialmente por su lentitud a la hora de asumir que existía un grave problema.
Ahora Sanz ya no puede sacar pecho; al contrario, ahora las cifras del paro le provocan un serio problema. Y es que sabe que ya no puede engañar a los ciudadanos. La regla de tres es sencilla. Si hace unos años, Sanz era el que conseguía empleo para los riojanos y así presumía ¿por qué ahora no es capaz de mantener esos puestos de trabajo que el mismo dice que creó? ¿por qué ahora genera desempleo? Ahora, ya no quiere sabe nada en materia de empleo. Ahora no quiere saber nada de los riojanos parados.
El presidente Sanz tiene ahora 22.661 problemas sin resolver. 7.900 hogares con todos los miembros en paro. Familias que están atravesando serias dificultades económicas y, en La Rioja, ni Pedro Sanz, ni el Partido Popular son capaces de hacer nada. Se encuentran inmóviles ante la catástrofe individual de cada desempleado. El PP no tiene capacidad de reacción. No sabe qué hacer, porque nunca hizo nada. Tan sólo cabalgaba sobre una ola y con viento a favor. Rota la ola a Pedro Sanz no le queda nada. Está en la orilla, con los pies en la arena y con la resaca barriéndolo hacia la profundidad; tan sólo en el último mes 255 parados más en La Rioja.
Y encima lo único que sabe hacer es faltarle al respeto a los ciudadanos. ¿Cómo se puede decir, sin siquiera sonrojarse, que en la próxima legislatura trabajará para crear empleo? ¡Qué caradura! Sanz tiene que trabajar ahora para crear empleo, que es cuando existe el problema. ¿Qué ha estado haciendo durante los últimos años entonces?
Todo eran burdos trucos de magia. En cuanto había algún problema, Sanz tiraba del dinero de los riojanos para financiar empresas de inexplicable futuro. Primero utilizó la chequera de los ciudadanos para tratar de mantener Electrolux; después -justo antes de las elecciones- para volver a sacar pecho y anunciar que todo estaba resuelto. Aquella solución era Solaria. El presidente riojano presentó el proyecto -tras abonar los correspondientes millones riojanos- con un compromiso de 700 puestos de trabajo. Nunca se ha cumplido la promesa. Solaria, la empresa salvadora del PP, ha despedido a 182 trabajadores eventuales.
Es la política de empleo e inversión de Pedro Sanz y del Partido Popular. Ocurrencias, improvisación, mentiras, carencia de estrategia, falta de respeto a los ciudadanos y amiguismo.
Rota la ola, a Sanz no le queda nada. Tan sólo 22.661 problemas sin resolver.
Echamos de menos las comparencias del presidente. El jueves, Sanz volvió a faltar.