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Olimpismo y homosexualidad. Sochi, una oportunidad para el COI (07/02/2014)

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Esta misma tarde se ha celebrado la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Sochi que seguramente pasarán a la historia, además de por ser los más caros de todos los organizados hasta ahora, por las condiciones, o mejor dicho, por la falta de condiciones en las que se van a celebrar.

Parece que la única condición que ha querido garantizar el todopoderoso Presidente de Rusia, Vladimir Putin, es la seguridad y para ello ha hecho alarde de todo el operativo policial y del ejército, aunque se ha olvidado de lo principal: conseguir que el espíritu olímpico presida estos Juegos de Invierno. El resto no importa. Aunque bien pensado, parece que la responsabilidad no recae únicamente en Rusia, sino que ha sido el mismísimo Comité Olímpico Internacional el máximo responsable de que ese espíritu olímpico haya quedado atrapado, engullido y masacrado por el interés económico.

El COI ha demostrado una vez más que, a la hora de decidir la sede de unos juegos olímpicos, lo más importante es que la ciudad aspirante pueda acreditar su poder económico, un poder económico que es el único que le permitirá saltarse olímpicamente la propia Carta Olímpica que puede ignorarse siempre y cuando la ciudad y el país al que representa, tengan bien llena la billetera.

No importa que no se respeten los derechos humanos; da igual que la pobreza y el hambre asedien a millones de ciudadanos; incluso los conflictos políticos internos son indiferentes si hay una buena cartera para asegurar que el espectáculo continúe. El poder económico prevalece por encima de todo ello, incluso por encima de la seguridad.

Los derechos humanos y los conflictos políticos parece que son para el COI asuntos internos de cada país. Nunca, ni siquiera en Pekín, la falta de respeto por los derechos humanos había generado tanta indignación internacional y nunca la amenaza del terrorismo había estado tan presente y causado tanto temor.

Confío, por supuesto, en que el despliegue de policía y ejército garanticen unos juegos sin atentados y, por nada del mundo, deseo que se produzca ningún conflicto político y mucho menos un ataque terrorista; pero también confío en que, ya que el COI se ha saltado olímpicamente el artículo seis de su propia Carta Olímpica que establece que en el Movimiento Olímpico no tiene cabida “discriminación de ninguna clase”, se aproveche para desafiar la “Ley antipropaganda homosexual”, aprobada por Putin en el verano de 2012 y se defiendan los Derechos Humanos alzando la voz y combatiendo abiertamente la discriminación homosexual que decreta esa Ley.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, fue ayer el primero en protestar contra este ataque a los derechos de los homosexuales en Rusia pero mucho me temo que esta indignación por algo que ya está más que superado en la mayor parte del mundo, solo sea un gesto; un gesto más que quedará en el olvido cuando la llama olímpica se apague y los homosexuales en Rusia sean perseguidos, apaleados, encarcelados e incluso asesinados con impunidad como lo son en otros muchos países del mundo a los que tampoco llegan las reacciones y, sobre todo, las acciones de protesta de los países.

Son más de 70 los países que todavía persiguen a los homosexuales con la ley, como en el caso de Rusia, y hasta siete de ellos, castigan la homosexualidad con la muerte. Por eso creo que, llegados a este punto en el que ya se han iniciado los Juegos de Invierno en Sochi, todos los países, pero sobre todo el COI, tienen una oportunidad irrepetible para defender los derechos de los homosexuales, que también son Derechos Humanos y hacerlo con valentía y decisión ante líderes claramente homófobos como Vladimir Putin.

No estamos hablando de cosas sin importancia puesto que, cada dos días, una persona es asesinada en el mundo por su mera condición homosexual, por eso no creo que la solución sea exigir a los deportistas que, como forma de protesta ante Rusia, hagan visible una condición sexual que forma parte de su privacidad.

Quienes tenemos que dar la cara y luchar por los Derechos Humanos, con independencia de nuestra condición, somos sus representantes y, en este caso, los gobiernos que nos representan en Sochi, deberían luchar contra la homofobia oficial de todos esos países e incluso contra la homofobia encubierta de otros que, sin condenarla oficialmente, miran para otro lado cuando desde las propias instituciones se discrimina a las personas por su orientación. Eso sí que sería un buen ejercicio diario de olimpismo para los miembros del COI que estos días estarán en Rusia.

 

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