Perdemos empresas, perdemos empleos
Cuando, desde el Partido Riojano afirmamos que La Rioja está perdiendo y desmantelando su tejido industrial, de forma tan veloz como alarmante, no estamos haciendo una afirmación alarmista ni exagerada, sino que estamos basándonos en hechos y, sobre todo, en datos objetivos, que son ratificados por las propias instituciones empresariales riojanas, y son perfectamente contrastables con los datos oficiales que publica el propio Gobierno de España. Según esos datos publicados tanto por el Instituto Nacional de Estadística, como por el propio Instituto de Estadística de La Rioja, durante los últimos años La Rioja ha perdido un total de 1.520 empresas. Pero cuando analizamos los datos sobre la tipología de esas empresas, el drama al que nos enfrentamos todavía es mayor.
Quien quiera analizar únicamente la evolución de las empresas, se dará cuenta de que el número de las creadas en los dos últimos años, es sensiblemente mayor al de las destruidas, -562 frente a 317-, y podría pensar que esos datos son suficientes para ratificar el persistente mensaje del Gobierno de La Rioja que afirma que la economía está creciendo y que se está dejando notar en la generación de riqueza y la creación de empleo. Sin embargo, cuando analizamos los distintos segmentos en los que se mueve ese censo de empresas, nos damos cuenta de que la situación es verdaderamente alarmante ya que esas 562 nuevas empresas se han creado en el segmento de entre 1 y 5 asalariados, mientras que las 317 destruidas lo hacen en el de entre 6 y 49 asalariados.
Como se puede apreciar, la mayoría de las empresas que hemos perdido son PYMES, pequeñas y medianas empresas de carácter familiar la mayoría de ellas, que son precisamente en las que siempre hemos fundamentado los pilares de nuestra economía y de nuestro tejido empresarial. De hecho, si hacemos un cálculo sobre la media de creación o destrucción de empleo de estas empresas, es fácil darse cuenta de que se destruyen muchísimos más empleos de los que se crean. Es evidente que las nuevas empresas de entre 1 y 5 trabajadores son en su mayoría empresas unipersonales, integradas principalmente por autónomos que tratan de buscar en la creación de su propia empresa o pequeño comercio, un futuro a la desesperada que, lamentablemente, fracasa en muchos más casos de los que sería deseable.
Detrás de cada uno de estos cierres, se escriben multitud de historias dramáticas que no solo afectan a los trabajadores que han perdido su empleo, sino que también afectan, y mucho, a los pequeños empresarios que, en la mayoría de los casos lo han perdido todo en una aventura empresarial en la que, casi todos ellos, solo han contado con Pedro Sanz el día de la inauguración para hacerse la foto de rigor para sus publireportajes.
Estas cifras subrayan el fracaso del consejero de Industria, Javier Erro. Desde el Partido Riojano venimos llamando la atención, desde hace varios años, sobre la gravedad de esta situación y reclamando un cambio de rumbo radical en la política industrial de La Rioja e incluso un cambio de responsables en la consejería de Industria ante la absoluta incapacidad demostrada por quien es su máximo responsable desde hace años, ya no solo para atraer inversiones, sino para mantener las existentes. Un consejero que hace poco más de un año, contrató a una empresa amiga del PP a la que le pagó más de 200.000 euros para que le dijera cómo atraer inversiones a La Rioja porque él no sabía como hacerlo. El resultado es que no solo no ha venido ninguna, sino que siguen cerrando mientras se gasta el dinero en mantener ese entramado de empresas que siempre están tan cerca del PP.
La Rioja ha perdido la fuerza inversora al no tener ningún plan específico y al no disponer de más estrategia que la que defiende el Consejero del ramo, Javier Erro, que consiste en contratar publicidad y en dorar la píldora a los que ya están instalados, pero sin aportarles soluciones a los problemas a los que se enfrentan a diario. La parálisis y la autocomplacencia del Gobierno de Pedro Sanz han provocado que La Rioja pierda el atractivo empresarial con el que contábamos. Nuestra región no genera confianza empresarial, nuestro Gobierno, no es de fiar, porque ni siquiera paga lo que promete y eso se conoce en el sector.
Yo no sé si todavía estaremos a tiempo de reaccionar, pero es evidente que estos datos que acaba de publicar el INE sobre la situación industrial en La Rioja son absolutamente escalofriantes y deberían obligar al Gobierno a reaccionar de inmediato.