Ciertamente, Julio Revuelta la ha liado con su decisión de darse de baja del PP y plantarle cara al todopoderoso Pedro Sanz. Reconozco que a este rumor que circulaba hace meses por los mentideros políticos de la capital, muy pocos le daban credibilidad; y no porque dudaran de que quisiera hacerlo, sino porque pensaban que no tendría valor. Pero, finalmente, Julio Revuelta ha demostrado tener los pantalones bien puestos y que todos aquellos enfrentamientos que durante su mandato mantuvo con el Gobierno no eran una ‘pose’ que podía asumir con comodidad desde su sillón de alcalde, sino que eran fruto del convencimiento personal de que, como alcalde, no podía permitir que se pisotearan los derechos de la capital. Hay que reconocer, en primer lugar, su valentía y su compromiso con la política local porque después de haberlo sido todo en la política logroñesa vuelve dispuesto a no ser nada, enfrentándose en las urnas a la posibilidad de que los logroñeses no entiendan ahora su propuesta y le den la espalda.
Y, en segundo lugar, porque no es fácil en esta comunidad encontrar personas con valor suficiente para enfrentarse a Pedro Sanz y llamar a las cosas por su nombre. «No puede ser que vivamos con miedo en pleno siglo XXI, que haya temor a expresar las propias ideas». Reconozco que de todas las cosas que ha dicho Julio Revuelta en estos últimos días ésta ha sido una de las que más me ha impresionado, no porque me haya descubierto nada nuevo, sino porque es algo que vengo proclamando desde el año 1999. De hecho, empezaba a pensar que era una percepción subjetiva provocada por mi militancia política que los ciudadanos no compartían, así que oírlo con esa rotundidad y firmeza y, precisamente en boca de quien hasta hace cuatro años era alcalde del PP, me ha producido una enorme tranquilidad (por lo que a mí respecta), aunque también una tremenda tristeza por lo que afecta al conjunto de la población.
Efectivamente, el Gobierno de Pedro Sanz ha convertido La Rioja en una región en la que el miedo a las represalias, a las amenazas, al chantaje y la venganza del poderoso se ha convertido en moneda de cambio cotidiana en la relación de los ciudadanos con el poder político.
La Rioja necesita sacudirse la modorra que ha impuesto un PP que, desde su hegemonía política, ha querido controlar a la sociedad civil a través de la extorsión, utilizando los recursos públicos que ha manejado con habilidad, para impedir que ninguna institución, asociación, colectivo o ciudadano que necesitara del concurso, del apoyo o de la participación de la Administración autonómica se atreviera a criticar públicamente la acción del Gobierno y del PP.
La vida política riojana en estos momentos es asfixiante, cerrada, agotada, rancia, caciquil. y con la inmensa mayoría de los medios de comunicación sometidos a la tiranía de un Gobierno que los extorsiona con el mismo desparpajo que al resto de la sociedad. La sociedad civil y la participación ciudadana solo existen en los documentos grandilocuentes que el Gobierno prepara para engañarnos. Emplean más tiempo, más recursos y más energía en amordazar a los adversarios que en dar la palabra a los ciudadanos y en ofrecerles soluciones.
Por eso saludo con ilusión la valiente iniciativa de Julio Revuelta; porque La Rioja necesita recuperar la libertad para que todos podamos hablar y decir realmente lo que pensamos sin miedo a las represalias que se ejercen actualmente desde el poder político del PP.
El anuncio de Julio Revuelta ha sido como una piedra en medio de un lago tranquilo. Se ha roto la calma, se ha desatado la tormenta y sería de necios que todos los partidos políticos de esta tierra, incluido el PP, dejásemos pasar la ocasión que se nos presenta para cambiar las cosas, para forzar un cambio en las actitudes y en las formas, para forzar diálogos y encuentros que desemboquen en acciones unitarias en beneficio de los riojanos. No importa el pasado, lo que nos debe preocupar es el futuro, y el futuro no lo podemos construir desde el rencor.
Algunos apuntaban estos días en twitter que este anuncio se asimila a las revueltas desatadas en el norte de África que han desembocado en la caída de los dictadores. Incluso el líder de los socialistas riojanos decía que era necesario «derrocar» a Pedro Sanz. Yo, desde luego, no iría tan lejos. No opino como Francisco Martínez-Aldama que sea necesario «derrocar» a nadie, lo que hay que hacer es ganar. Un demócrata no puede pensar en derrocar a quien ha sido democrática y justamente elegido en las urnas. No creo que sea la expresión más afortunada para quien se presenta a unas elecciones como alternativa. Pero, sin embargo, sí creo que debemos hacer todos los esfuerzos por conseguir modificar el actual estado de cosas en el Gobierno de La Rioja, uniendo esfuerzos, sumando fuerzas para ganar en las urnas ese espacio de libertad que el Partido Popular, o mejor dicho, que Pedro Sanz, con su estilo personal de gobernar mantiene secuestrado desde hace 16 años.
Yo me apunto a sumar para terminar con el absolutismo y la prepotencia que caracteriza a las mayorías absolutas pero quiero dejar claro que mi objetivo no es acabar con el Partido Popular, no pretendemos echar al PP, ni derrocar a nadie. Lo que pretendemos es moderar su actitud de gobierno, frenar su soberbia, atajar sus abusos. Pretendemos romper las mayorías absolutas para obligar a los partidos mayoritarios a sentarse a dialogar, a negociar, a llegar a acuerdos en beneficio de los intereses de los ciudadanos y no de sus propios partidos. La Rioja no puede perder más tiempo sin entenderse.