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Violencia de género. Promesas incumplidas

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Miguel González de Legarra

Así aparece publicada en Rioja2.com
Violencia de género. Promesas incumplidas

Las cifras relativas a la violencia de género en La Rioja siguen evidenciando un drama que, a pesar de que es invisible para la mayoría, todavía es demasiado frecuente.

Según los últimos datos hechos públicos, a lo largo de 2009 más de medio millar de mujeres, 506 en concreto, presentaron denuncia por violencia de género en La Rioja. Un 17,6 por ciento más que en 2008 y seguramente un porcentaje menor al que se presente este año. Por cierto que, de las 506 denuncias presentadas, casi la mitad, en concreto 220, fueron interpuestas por mujeres de menos de 30 años, lo que evidencia que estamos ante un gravísimo problema que continúa creciendo y, lo que es más grave, no está desapareciendo entre las nuevas generaciones de riojanos.

Las cifras demuestran que el problema existe, que es real y que, además, muchos jóvenes tienen dificultades para identificar las agresiones machistas porque creen que son algo ajeno a ellos. Estos datos, por tanto, nos deben hacer recapacitar y tomarnos más en serio este problema. Debemos buscar las fórmulas de concienciar a los jóvenes sobre los problemas que conllevan las conductas violentas y de la repercusión que esas conductas tienen en su vida social y de pareja porque a lo largo de este año más de 60 mujeres han perdido la vida a manos de su pareja o ex pareja en España. Todas las semanas conocemos un nuevo caso que nos confirma que estamos ante un problema muy grave que todavía somos incapaces de atajar.

Los datos recogidos en la última memoria del Instituto de Medicina Legal de La Rioja, ponen en evidencia la dificultad de las víctimas para romper con el círculo de violencia machista, ya que, de las 200 mujeres maltratadas que fueron atendidas en La Rioja por los médicos forenses, 86 abandonaron la sede del Instituto de Medicina Legal anunciando a los médicos su intención de regresar a sus hogares para reanudar su convivencia con el hombre que les había pegado. Y lo que es más grave, 16 de esas mujeres habían sufrido más de 20 agresiones previas. Una situación que viene provocada por la dependencia económica, principalmente y que debería obligar a las autoridades de La Rioja a establecer los suficientes recursos sociales para que las victimas de malos tratos puedan encontrar una auténtica solución a sus vidas.

La Rioja no puede estar más tiempo sin afrontar las graves consecuencias que la violencia doméstica conlleva para toda la sociedad. En 2007, cuando empezaba esta legislatura, Pedro Sanz anunció en su debate de investidura la presentación de un proyecto de Ley contra la violencia de género en La Rioja. Han transcurrido ya más de tres años, estamos a punto de terminar la legislatura y, a pesar de que el Gobierno dispone de toda una Consejería entera para elaborar, redactar y tramitar este tipo de acciones legislativas, hasta el momento ha sido incapaz de hacer una sola propuesta al Parlamento.

El pasado mes de junio, ante la manifiesta inoperancia del Gobierno, presenté en el Parlamento de La Rioja una proposición de Ley Integral para la prevención de la violencia y la protección a sus víctimas que pretendía convertirse en herramienta para la erradicación de la violencia de género que debe sustentarse en una intervención multidisciplinar, una intervención que debe estar regulada y tipificada a través de una Ley. Porque la única forma de acabar con esta lacra es a través de un trabajo conjunto y coordinado de los profesionales sanitarios y educativos, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los organismos judiciales y toda la sociedad en su conjunto. Un trabajo que además debería tener en la formación de las generaciones más jóvenes su punto de partida.

El Gobierno de La Rioja y el PP, despacharon la propuesta con el lacónico y reiterativo argumento de que “estamos trabajando en ello”. Lo malo es que, mientras ellos trabajan con una lentitud exasperante, los maltratadores, los criminales, los asesinos, no descansan ni un solo día y el número de víctimas sigue creciendo.

Han transcurrido ya tres años y medio, se acaba la legislatura y todavía estamos esperando que se cumplan las promesas.

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