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La verdad del blindaje vasco

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Mucho estamos hablando los políticos riojanos, en las últimas semanas, del “blindaje” de las normas tributarias del País Vasco. Y, en los distintos discursos, especialmente por parte del Partido Popular, se están utilizando palabras bastante gruesas y se están haciendo acusaciones graves. Palabras como traición, puñalada, sometimiento, vergüenza, están siendo utilizadas para tratar de desacreditar a quienes, con su voto, han respaldado este blindaje.

Por eso hoy, me gustaría intentar ubicar correctamente el debate en su contexto político y legislativo, aun siendo consciente de que corro el riesgo de que se tergiversen y manipulen mis palabras, pero voy a hacerlo porque creo que es de justicia hacerlo y porque con ello, espero ser capaz de demostrar la farsa que el Partido Popular está protagonizando en los últimos meses en relación al denominado blindaje de las normas fiscales y económicas del País Vasco.

La realidad que hoy tenemos en España es que todas las normas tributarias de absolutamente todas las Comunidades Autónomas del Estado tienen rango de ley y, en consecuencia, todas las normas tributarias autonómicas son recurribles únicamente ante el Tribunal Constitucional, con las especificidades que determina la Ley. Todas, salvo las normas tributarias del País Vasco que, al ser normas dictadas por las Diputaciones Forales de cada uno de sus territorios, no tienen rango de Ley y, en consecuencia, están sometidas a la jurisdicción contencioso-administrativa.

¿Qué pretenden ahora los partidos políticos vascos, incluido el PP, con esta Ley Orgánica que acaba de aprobar las Cortes españolas? Pues simplemente, conseguir que sus normas tributarias, tengan el mismo rango que las normas tributarias del resto de las Comunidades del Estado, incluida La Rioja y dificultar la posibilidad de presentación de recursos contra las mismas.

¿Esta nueva situación va a impedir que La Rioja pueda recurrir las normas tributarias del País Vasco? Rotundamente no. Lo que va a impedir es que las instituciones que, hasta ahora mismo lo han venido haciendo, como son los sindicatos o la patronal riojanos puedan plantear los contenciosos, pero tanto el Gobierno como el Parlamento de La Rioja, van a poder seguir recurriendo esas normas tributarias cuando consideren que se exceden en sus atribuciones y perjudican a los riojanos, igual que lo han venido haciendo hasta ahora, aunque con un procedimiento evidentemente más complicado y costoso. El mismo procedimiento que deben utilizar los demás en caso de que quisieran recurrir alguna norma tributaria dictada por el Parlamento de La Rioja.

Por supuesto que, en el Partido Riojano, no estamos satisfechos con esta situación que claramente complica nuestras posibilidades de defensa ante los posibles abusos que nuestros vecinos puedan cometer en el futuro. Nosotros preferiríamos continuar como estamos. Pero somos conscientes de que tampoco podemos pretender ponerle puertas al campo e impedir que los demás sean iguales que nosotros. Precisamente los riojanos que nos hartamos de decir que no queremos ser más que nadie, pero tampoco menos; en este caso, pretendemos que los vascos sean menos que nosotros. Y eso creo que es difícil de sostener.

Pero lo que menos se sostiene es el discurso que mantiene el PP y el Gobierno diciendo y haciendo una cosa en La Rioja y la contraria en Madrid. El mismo Partido Popular que defiende en Madrid la legitimidad del blindaje de las normas tributarias vascas, ese mismo partido, es el que dice en La Rioja que ese blindaje perjudica a los riojanos.

El pasado día 10 de febrero el portavoz parlamentario del PP en el Senado dijo, textualmente que “Las normas tributarias que son competencia exclusiva de los territorios forales deberían tener rango de ley y ser recurribles solamente ante el Tribunal Constitucional” (Diario de Sesiones del Senado)

Eso es lo que realmente piensa del blindaje el Partido Popular. El Partido Popular de España, exactamente igual que el del País Vasco, y que los diputados y senadores riojanos del PP, está defendiendo y apoyando la necesidad de blindar las normas tributarias vascas. Bueno, entonces, ¿por qué han votado en contra de esta Ley orgánica? Pues muy sencillo, ya nos lo explicó también un portavoz del Partido Popular, esta vez en el Congreso de los Diputados el día 17 de diciembre pasado, cuando se votó allí esa Ley y anunciaba, cito textualmente, “la predisposición favorable de nuestro grupo al fondo de la cuestión debatida, es decir, a que las normas fiscales emanadas de las Juntas Generales de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa, tengan naturaleza de verdaderas leyes formales y, en consecuencia, posibilitar su impugnación sólo ante el Tribunal Constitucional. Pero esta cuestión no puede depender de una circunstancia tan ajena a la materia que discutimos como es el eventual apoyo del PNV al proyecto de Presupuestos Generales del Estado.” (Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados)

Es decir, que los dos portavoces del PP, tanto el del Congreso como el del Senado, están diciendo que el Partido Popular es partidario de blindar las normas tributarias vascas, pero que lo que no comparten es el procedimiento para proporcionar ese blindaje. Lo que no deja de ser más que una triquiñuela, una trampa, un cínico ejercicio de filibusterismo parlamentario que les permite facilitar la consecución del blindaje, que es lo que realmente quieren y, al mismo tiempo, mantener en La Rioja, en Cantabria y en Castilla y León un falso discurso de defensa de los intereses de estas regiones.

Hace exactamente 10 años, el 21 de febrero de 2000, el Presidente Pedro Sanz compareció en el Parlamento para explicar las consecuencias del acuerdo de colaboración tributaria que acababa de firmar el Gobierno del Sr. Aznar con el Gobierno Vasco del Sr. Ibarretxe. En esa ocasión el Sr. Sanz nos anunciaba, entre otras cosas, que el Gobierno de Aznar iba a retirar 75 recursos que tenía interpuestos contra la normativa tributaria vasca, que venían a sumarse a los más de treinta que ya había retirado en 1997 y a los 4 que retiró en 1998. Además el Sr. Aznar ya le había concedido la vigencia indefinida al Concierto Vasco que ya no es necesario negociar cada cinco años como sucedía anteriormente y que consiguió anular de raíz los principales argumentos empleados por La Rioja ante el Tribunal Europeo, tal y como quedó demostrado cuando perdimos definitivamente en 2008.

Bien, pues en aquella sesión, el Sr. Sanz decía esto: “Este acuerdo nos beneficia en todos los sentidos. Su conclusión es que las vacaciones fiscales han dejado de existir. Si en 1995 La Rioja tenía dos normas fiscales por las cuales las empresas podían deslocalizarse o marcharse a otro lugar, el crédito fiscal y las vacaciones fiscales, hoy no existen.” Y yo me pregunto, si no existen las vacaciones fiscales y la paz fiscal alcanzada por Aznar evita posibles abusos futuros de sus normas tributarias, ¿a qué viene tanto ruido?, ¿por qué ahora es tan grave que sus normas sean leyes si, gracias a Aznar, ya no van a poder abusar de ellas? Es evidente que, en algún momento, Pedro Sanz nos mintió. Solo falta descubrir cuando, ¿entonces, cuando gobernaban los suyos y se justificaba todo o ahora que gobiernan otros y es necesario acusarles de todo? ¿O a lo mejor nos mintió antes y nos miente ahora? Desde luego, su falta de vergüenza a la hora de cambiar de discurso no conoce límites y lo que ayer servía, hoy se vuelve inservible en función de cuales sean los intereses de su Partido, no los intereses de La Rioja.

Una situación muy similar a la que vive el Partido Socialista y que les obliga a interpretar un papelón realmente complicado. Un papel que tampoco comparto. No puedo compartir, ni mucho menos defender, la actitud ni el comportamiento del Partido Socialista. Y no lo estoy haciendo porque el PSOE también está demostrando que es capaz de darse la vuelta en un ladrillo sin que se les mueva un músculo de la cara y están demostrando la misma capacidad que el Partido Popular y que el Sr. Sanz para anteponer los intereses del Gobierno de Zapatero, -que no son los intereses de España-, a los intereses de los riojanos y también son capaces de cambiar su discurso en función de lo que les digan en la sede central de su partido. Al fin y al cabo no dejan de ser dos sucursales del poder central y la ambición de sus partidos.

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